LA LITERATURA DE AYER EN LA TECNOLOGÍA DE HOY

Por:

Alejandra María Zuluaga León

Beatriz Elena Gutiérrez Agudelo

Ricardo León Flórez Cossio


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El trabajo desarrollado desde el marco del seminario de grado, con énfasis en narrativa, ha representado una experiencia relevante a nivel de nuestra formación como docentes y de nuestra propia abstracción del conocimiento y producción literaria, así como también ha representado un aporte valioso en la aplicación de estrategias pedagógicas y didácticas en las instituciones educativas donde hemos venido desarrollando nuestra práctica de Proyecto Pedagógico: Colegio Calasanz Femenino –grado 2º, ubicado en el occidente de Medellín en el Barrio Los Colores, Colegio Agustiniano de San Nicolás –grado 6º, ubicado en el nororiente de Medellín en el Barrio Aranjuez y la Ludoteka La Quintana, ubicada en el Parque Biblioteca Tomás Carrasquilla del Barrio Robledo.

Nuestro propósito fundamental para este nivel fue continuar el trabajo desarrollado el pasado semestre durante el desarrollo académico del seminario de grado con énfasis en poesía, enfatizando esta vez en el conocimiento de los estilos literarios y las temáticas tratadas en las obras de autores latinoamericanos, específicamente desde el estilo de Julio Cortázar.






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Decálogo del escritor, Augusto Monterroso (1921-2003)
 
Primero. Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo. Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno. Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo. Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo. No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo. Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te señalara con el dedo en el supermercado.
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