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ENSEÑAR LITERATURA COMO FIESTA DE LA PALABRA


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"…ubicada la literatura [...] como campo de estudio interdisciplinario,

 no cabe duda que su abordaje en el contexto de la academia

 tendría que estar relacionado con la formación de lectores

 críticos y, en consecuencia, con la sensibilización

 hacia la escritura y hacia la posibilidad

 de actitudes investigativas..."(JURADO VALENCIA; 1999:217)

 

 

 

El Seminario de actualización en Literatura, como modalidad de grado, surge con miras a cubrir necesidades e intereses propios de estudiantes del último año de formación de la Licenciatura en Educación Básica Humanidades Lengua Castellana, alrededor de la literatura, como eje curricular obligatorio en el área de Lengua Castellana de Educación básica y media. En esta medida el Seminario pretende incentivar la profundización en el conocimiento, la investigación y la prospección  en torno a la literatura, con énfasis en la narrativa y la poética, y su dinamización en el quehacer pedagógico.

 

Uno de los primeros interrogantes que surgen ante un seminario de actualización frente a la enseñanza de la literatura es, precisamente, sobre la determinación de la enseñabilidad de ésta, en todo caso, si la literatura como tal se enseña o qué se pretende enseñar en el campo literario, según los Lineamientos Curriculares de Lengua Castellana "lo que se enseña no es la ciencia sino la necesidad de ella, y este enseñar no puede ser más que una provocación, un desafío que habrá de conducir hacia un permanente desacomodo de los procesos intelectuales de los sujetos participantes en los escenarios del saber", bajo esta concepción  "tampoco la literatura como tal es enseñable sino su necesidad en el universo del deseo"(MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL; 1998:28); de ahí que el seminario se centre en ese aspecto particular: revisar, inicialmente, las prácticas lectoras y escriturales de los docentes en formación, pues sólo teniendo en cuenta la competencia del docente se podrá pensar en lo que éste puede hacer por sus estudiantes, es así que se requieren maestros que piensen y que hagan pensar desde su propia vivencia como lectores y como intérpretes.

Posteriormente se pretende que los maestros en formación  realicen prácticas escriturales de textos literarios, por cuanto un educador comprometido con su labor debe ser escritor, así se reconoce como aprendiz que continuamente debe reflexionar sobre su labor, sistematizar, escribir, compartir sus escritos, provocar a la creación literaria y argumentativa a través del ejemplo; dichos textos son publicados en esta página web, pues la idea es llevar a cabo un proceso de escritura que los docentes puedan también aplicar en su aula y aprovechar las herramientas tecnológicas para dar a conocer sus producciones y la de sus estudiantes.

Aquí encontrará textos de docentes que se enfrentaron a las Sirenas y como Ulises lograron disfrutar de su canto sin caer en sus trampas, lo invitamos a disfrutar de una fiesta de palabras.





Comentarios hacia esta página:
Comentado por divina jus jus jus, 08-09-2008, 00:30 (UTC):
ta re buenisimop me re enknta algun dia lo leere y x eso tal vez diria asi jajjajajajjaajajjajajjajajajajajaj biiiiiiieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee



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Decálogo del escritor, Augusto Monterroso (1921-2003)
 
Primero. Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo. Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno. Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo. Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo. No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo. Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te señalara con el dedo en el supermercado.
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